Un mal paso en el camino

 Es llamativa la historia de Kevin Carter; llamativa y trágica. No pretendemos quitar importancia al hecho más comentado y conocido de su carrera; tampoco pretendemos justificar lo que, con toda probabilidad, no tenga justificación… pero lo cierto es que las personas, utilizando una metáfora que viene como anillo al dedo, no somos una mera foto, sino más bien una película. Dicho de otro modo, parece que nos quedamos con este hecho, pero la vida de Kevin Carter contiene muchos más.

 Sin otro ánimo que el de ofrecer material de reflexión y contraste, incluiremos hoy un resumen de su biografía. Esperamos que sea un material para sacar vuestras propias conclusiones, y tal vez todos aprendamos algo:

Kevin Carter fue un fotógrafo que retrató África desde su lado más crudo, el del hambre y la injusticia. Carter fue un chico de raza blanca nacido en Sudáfrica, lo cual en a principios de la década de los sesenta suponía haber nacido con estrella. Mientras crecía vio como la diferencia entre los chicos de su edad de raza negra y él mismo era abismal. Carter se hizo periodista y convirtió a su cámara de fotos en su particular arma para luchar contra el Apartheid. Se tatuó la imagen del continente africano en su pálido brazo y salió en busca de fotografías que pudieran hacer ver al mundo que lo que ocurría en los alrededores de Johannesburgo era mucho más que lo que aparecía en las guías de viajes para turistas.
En 1984 el periódico Johanesburg Star le contrató y le envió de inmediato a las afueras de la ciudad, a guetos como el de Tokoza o Soweto, donde los jóvenes de raza negra se convertían en militantes casi revolucionarios que luchaban contra la opresión que ejercía sobre ellos el gobierno y impidiendo una transición democrática normal.
La violencia se desencadenó en las afueras y a Carter le resultaba incomprensible el que las diferencias entre la calma desinteresada de ciudad y la violencia desatada de los guetos de las afueras no hiciese ver a la opinión pública lo que ocurría. Salir de la urbe, de la comodidad, de la riqueza de una ciudad avanzada y moderna suponía un golpe de realidad que envolvía a Johannesburgo en una burbuja hipócrita. Carter quiso romper esa burbuja con sus fotos, y no dudaba en salir a jugarse la vida para retratar lo más fielmente posible lo que ocurría fuera de las brillantes y limpias calles de la ciudad. Muerte, destrucción, sangre, violencia desatada, los guetos fueron tomados por la más degenerada anarquía que se multiplicó hasta el límite cuando Nelson Mandela salió de la cárcel, en un gesto que muchos radicales vieron erróneamente como una señal para combatir hasta el final.
Era 1990, y Carter había formado un grupo de fotógrafos con los que no dudaba en salir entre disparos, cócteles de fuego y cuerpos inertes para tomar fotografías lo más fidedignas posibles. A este grupo se le llamo el “Bang Bang Club”. Algunos les consideraban unos valientes defensores de la libertad, otros les tacharon de inconscientes, pero pasaron a la historia. Todos los bandos de tribus negras implicados en la escalada de violencia, que habían sido animados por los blancos que vivían apenas a varios kilómetros, les conocían y les dejaban tomar fotos, lo cual suponía luz verde para ellos pero no para los fotógrafos de prensa extranjera, los cuales clamaban por pertenecer al selecto club. Eran fotógrafos de guerra, de sudor, de barro, de los que se lanzaban al suelo esquivando balas y se arrastraban entre la sangre para tomar sus fotos.
Entre los fotógrafos del Bang Bang Club se encontraba Ken Oosterbroek, el mejor amigo de Carter. Oosterbroek se había convertido en poco tiempo en un fotógrafo de referencia en el mundo. Sus fotografías habían recibido muy buenas críticas en la prensa y se le llegó a considerar el mejor fotógrafo de su generación y una joven promesa.
Los integrantes de la Bang Bang Club se ponían una coraza emocional, no podían dejar que lo que veían a través de la lente les traspasara más allá de la cámara, por que su trabajo mermaría en calidad y no podrían mostrarles al mundo lo que estaba ocurriendo. Su reivindicación y su responsabilidad pasaban por evitar tomar contacto emocional con lo que había delante de ellos, algo que resultaba extremadamente difícil, pero que no dejaban de intentar desde el mismo momento en el que despertaban con el día y se dirigían a las afueras con su material fotográfico. Carter y Oosterbroek hablaban mucho sobre ello. Durante sus noches en guardia, o por los bares de Johannesburgo, en los que se desahogaban escondiéndose entre cervezas y cocaína. Su amistad se forjó entre balas y muerte, y en esas noches en las que ambos sabían que debían darle la vida a África, y que la única manera de hacerlo era haciendo bien su trabajo. Tras un breve descanso, Carter fue a cubrir la guerra Sudanesa, intentando hacer tomar conciencia al mundo de lo que ocurría allí, y cómo el hambre y las enfermedades acabarían con un país donde el gobierno entregaba más armas que alimento a su pueblo.
El 26 de Marzo de 1993, el New York Times publicaba una fotografía de Carter. Una niña de unos seis años caía extasiada por el agotamiento tras una larga caminata buscando un refugio civil cercano. La niña, tísica e hinchada por la falta de nutrición, caía agotada sin fuerzas en el suelo, mientras un buitre al fondo esperaba su inminente muerte. La fotografía dio la vuelta al mundo. Carter ganó el Pulitzer.
Pero con esta fotografía llegaron infinidad de críticas que acusaban a Carter de haberse aprovechado de la situación de la pequeña para sacar una foto impactante, en vez de ayudarla. Algo que era incierto, pues tras tomar la foto, el fotógrafo se aseguró de que la niña llegara al refugio sana y salva. Sin embargo las críticas más violentas se cebaron con él, llegando a publicarse fotografías en las que la cabeza del cuervo se había sustituido por la suya. Tuvo que defenderse a cada momento de tales acusaciones, y Carter, que tan sólo pretendía hacer saber al mundo lo que ocurría en África, sucumbió a una presión que le consumió hasta la depresión.
El día que se le hacía entrega del premio Pulitzer en una pomposa ceremonia, su mejor amigo, moría víctima de un balazo mientras realizaba fotografías a la multitud en las afueras de Johannesburgo.
Carter no se lo perdonó. No debía estar sonriendo delante de las cámaras mientras recogía un premio, si no detrás de ellas, en las barricadas, con su amigo Ken. Debía haber estado allí, con él. Pocas semanas después Carter se dirigió a un parque cercano del lugar donde nació, en el que jugaba con sus amigos ignorante de lo que ocurría con las tribus negras en las afueras. Allí, escuchando música, junto a un pequeño lago y verdes árboles, inhalando monóxido de carbono por una goma conectada al tubo de escape de su vehículo se quitó la vida. En una nota escrita minutos antes de morir una terrible sentencia servía de epitafio; “me persiguen los recuerdos de las masacres y los cuerpos”.

Ken Oosterbroek, al fondo, es arrastrado por dos fotógrafos instantes después de ser disparado. Delante Marinov y Nachtwey, dos integrantes de la “Bang Bang Club”.

Ken Oosterbroek,

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8 respuestas a Un mal paso en el camino

  1. David dijo:

    Si, en efecto, una historia embarazosa hacia la humanidad.

  2. jorge dijo:

    pobre kevin la historia real era esta

    • José Luis. dijo:

      Verás, Jorge, la “historia real” es todo; las dos visiones que se han colgado son reales. Simplemente se trataba de dejar constancia de que, muchas veces, no todo es blanco ni negro, que las personas tenemos luces y sombras, que en un camino recto pueden darse, por despiste, inercia, orgullo o codicia, pasos equivocados.

  3. Juan Carlos dijo:

    Uyyyyyyyy , que el de Jorge es mío, que el último en escribir fue él y no me he dado cuenta , pues eso, que no era tan malvado

  4. Alba dijo:

    Que pena, ahora me arrepiento de haberle echado la culpa al fotógrafo pues luego le ayudó y después de esa foto no tuvo una vida muy buena. 😦

    • José Luis. dijo:

      No, Alba, no le “ayudó después”; lo que se cuenta es que esa persona de quien pensamos que en esta ocasión “no estuvo a la altura”, tenía una vida profesional y personal con otras notas y momentos, que no es fácil hacerse idea de qué pueda ser cada cual por una sola imagen.

  5. maria y alba dijo:

    Entonces no le ayudo??

    • José Luis. dijo:

      En este caso,no; por eso precisamente fue duramente criticado por el público y esto contibuyó a la depresión que le llevaría al suicidio. Una triste historia también para él.

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