Mosen Bruno Fierro

Un personaje singular sin duda. ¿Sabías que existió realmente?

Personaje realmente existente, de fines del siglo XIX, del que nada seguro conocemos, salvo que era cura de Saravillo, y al que la fantasía popular ha atribuido todo género de picardías, inventadas o de las más diversas procedencias, sobre todo entre los Pirineos y el Ebro. Los datos escritos se refieren todos a la obra de José Llampayas  ; Antonio Beltrán recogió en Saravillo, hace muchos años, referencias inconcretas de personas que le habían conocido, y decían solamente que era un santo porque «esconjuraba as tormentas» con un santocristo que levantaba en sus manos; con ello conseguía que en vez de descargar sobre el pueblo lo hiciera sobre Plan, el pueblo vecino.

No sabemos el valor que se puede atribuir, desde el punto de vista histórico, a las referencias de Llampayas, quien escribe, textualmente: «El viejo de casa Botiguero asegura que pareceba una talega en pie. Y don Alonso, el venerable don Alonso (q.e.p.d.) nos lo pintó de mediana estatura y recio, cuadrado, la cabeza grande, los ojos vivos, cejas muy pobladas y unidas y nariz algo chata, por donde, entre ganguear y hablar despacio, como quien mide las palabras, cualquiera que bien no le conociese dábase a entender que las profería con sorna. A esto añadió que tutear solía de buenas a primeras, a todo el mundo, del rey abajo, fundándolo en que no podía ser otra cosa después de tutear a Dios. No tuvo rival en el juego de pelota, tiraba la barra con sin igual destreza y era gran cazador, aunque dicen que salía con la escopeta por despistar a los carabineros, pues andaba en el contrabando. Pero su principal afición era la pesca».

Dicen que un día, tras haber pescado tan sólo un pequeño barbo, se encaró con el altar de la Virgen y dijo: «¿Te paece a tú si esto es pescar?». Debajo del retablo guardaba las pelotas para el juego, una barra, la vara de medir y las cañas, para que en todo momento la Virgen le favoreciese, según decía. Para Llampayas le podían siempre los siete pecados capitales: «Cuando el señó Superio se le llevaba la Antonia le dijo, al parecer: ¡Suéltala, rediós!, que yo lo mismo hago un hombre que lo deshago». Contaban que en el seminario el obispo, al ordenarlo cura, le dijo: «Cuánto me pena, Bruno, haberte ordenado», a lo que éste, verdaderamente contristado, respondió: «Y lo que te penará, Ilustrísima, lo que te penará».

Es lástima que Llampayas no precise de dónde tomó los datos resumidos antes, que expuso en las tres páginas de la introducción de su libro, porque es casi todo lo que sabemos de la vida de este hombre curioso y notable. Las anécdotas que cuenta después hay que recibirlas con muchas reservas en cuanto a su autenticidad, y seguramente son inventados los sucedidos que se le atribuyen en casi todo Aragón y que hemos oído contar aplicándolos, a veces, a un «cura de la montaña», con lo que un personaje real se convierte en mítico, en la forma que ha sucedido, por ejemplo, con Quevedo. Entre las atribuciones, por poner un ejemplo, el «ahura inciénsate con los c…» que aseguran dijo al monago que estaba dándole vueltas al incensario hasta que escapó de sus manos y salió por los aires, y que he oído dirigir a los niños cuando algo se les cae y se rompe. Entre las anécdotas, la de Nochebuena, el método de mosén Bruno, el duende de la abadía o la lección del cura, más o menos divertidas, pero difícilmente conceptuables como auténticas. De alguna de ellas se dan fechas; así noviembre de 1867 en que mosén Bruno ayudó a escapar a través de la frontera a dos políticos, uno de ellos Prim, a quien recurrió luego para lograr el perdón de un hermano suyo, tras hacer el viaje en almadía por el Cinca hasta Monzón y desde allí a Madrid en diligencia. De todas suertes, las citadas anécdotas no las encontramos en otros precedentes o repetidas como formando parte de un fondo popular, de modo que es posible que correspondan a este singular personaje integrado en la leyenda.

Seguro que tú has oído contar alguna historia de tan singular personaje. Estaría bien que la dejases escrita aquí para que podamos leerla.

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2 respuestas a Mosen Bruno Fierro

  1. David dijo:

    Una historia preciosa, que algo me sonaba

  2. Alba dijo:

    no me se,
    pero lo de las tormentas era verdad

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