Rediez patatero…

No creo que necesitemos, a estas alturas, explicar qué es una patata. Todos las hemos comido, disftutado, pedido y tomado con verdadero placer… y son muchas las formas de prepararlas. Tal vez algunos sepáis que son unas “inmigrantes”, que no se daban aquí, en Europa, sino que las trajimos de América.

Pero esta maravilla, la sufrida y benemérita patata, tiene una historia más larga de lo que parece antes de poder bañarse en ketchup o formar parte de una tortilla. Vino, sí, pero no nos dimos cuenta enseguida de todas sus virtudes y posibilidades.

Hay un articulo, escrito en 1922 para el club de gourmets, que habla desenfadadamente de las aventuras y desventuras de la patata. No nos alargamos más, simplemente lo colgamos para que podáis leerlo y satisfacer vuestra curiosidad:

“Pizarro, extremeño conquistador del Perú fue quien tropezó con nuestra protagonista. No es que fuese de propio por las patatas, pero debiera haberlo hecho si hubiese sabido, porque… Pizarro vio cómo aquellos pobres indios que vivían en condiciones climáticas extremas, sobrevivían engullendo unos pequeños tubérculos que sembraban entre las hendiduras de las rocas, en pequeñas mesetas que ofrecían las heladas cordilleras y en los lugares más insospechados e inaccesibles.
Poco tiempo después su cultivo empezaba a expandirse por el nuevo mundo, México, Antillas, etc., y un tratante de esclavos llamado Hawkins, llegó incluso a traerla a Europa, pero los irlandeses, católicos como nadie, tenían sus principios y el proyecto cayó en el olvido.
En 1560 los españoles la transportaron de nuevo al viejo continente y fe experimentada con gran éxito en los ya anteriormente comentados «Huertos Botánicos.
Poco tiempo después, medio Sevilla tenía macetas de patatas adornando sus portales y fachadas, claro está, que de ahí a comerlas había un abismo. Sin embargo debieron alertar a los hombres de ciencia ya que su cultivo experimental se propagó por toda la península. Un documento fechado en 1604 por el entonces cardenal D. Jerónimo del Hoyo, narraba en las memorias del Arzobispado de Santiago, cómo años atrás, en 1576, en el monasterio de Herbón (hoy día más conocido como Padrón) «hizo plantar papas al señor Arzobispo don Francisco Blanco,, aunque poco después fuesen despreciadas por «bastas» y no volviesen a plantarse en Galicia hasta mediados del siglo XVIII.
Fueron los italianos los que debido a su pasión por las trufas empezaron a consumirlas y a cultivarlas hacia 1588 llamándolas, tartufoli, algo así como trufillas, pero fue en la famélica Europa central donde empezó realmente su consumo, al principio como planta forrajera nada más, o como un “esnobismo» cortesano, como ocurriera en 1616 en que le fue servida al necio del rey Luis XIII y a su intrigante consejero el cardenal Richelieu; luego, a causa de las terribles hambrunas que asolaban los pueblos después de cada guerrita, empezaron a ser consumidas por los miserables agricultores alemanes.
Como es lógico, los franceses atribuyen su expansión al célebre primer farmacéutico de los ejércitos de Napoleón, Antoine Augustín Parmentier, pero esto no es más que otra payasada chauvinista de las muchas a las que nos tienen acostumbrados nuestros queridos vecinos gabachos.
En España la cosa fue más despacio y a pesar de haber sido los primeros importadores y aclimatadores, su cultivo nos llegó de rebote y gracias al eclecticismo de la casa de Borbón que veía cómo sus súbditos se morían de hambre sin que el Clero, propietario de las mejores tierras de cultivo moviese un dedo por paliar tanta miseria.
Tras el Concordato de 1737 empezó realmente la desamortización en toda Europa, menos en España, claro, en que los curas se defendían con uñas y dientes teniendo que repetirse las disposiciones en 1745, 1756 y 1760. En 1763, Carlos 111 tiene que prohibir ya de forma tajante que “las manos muertas adquieran nuevos bienes para evitar que a título de una piedad mal entendida se vaya acabando el patrimonio de los legos» y son los políticos ilustrados, Campomanes y Jovellanos los que con sus obras «Tratado de la regalía de amortización” e «Informe en el expediente de la ley agraria” respectivamente, preparan el camino para que, medio siglo después, Mendizábal ejecutase a rajatabla las medidas tomadas en 1820 sobre la venta de fincas rústicas y supresión de órdenes religiosas, y con ella la liberalización del cultivo en gran parte de las tierras españolas.
Pero antes de este gran paso, tras la crisis cerealera de 1769 y la terrible plaga que diezmó su población activa, Galicia se moría de hambre y a pesar de opiniones como la recogida en un documento eclesiástico fechado en 1771 en la «Marina» lucense que decía: «… no tienen estimación, ni personas de conveniencia las gastaron para su alimento sino para la ceba de puercos», los pobre agricultores gallegos, influidos por las costumbres que traían los marinos ingleses hasta sus costas, trabajaron arduamente para que dos siglos después, nuestras queridas mamás y también los papás y hasta los yayos y yayas, y la vecina del sexto, pudiesen deleitarnos, entre otras maravillas con una buena TORTILLA ESPAÑOLA”

Y ahora, sobrinejos patateros, el desafío: a ver, entre todos y sin repetir lo que otro haya escrito antes, cuántas formas conocemos de comer patatas.

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8 respuestas a Rediez patatero…

  1. juan carlos dijo:

    patatas fritas patatas en bolsa,patatas con ajo sin freir,con huevos,beicon,con casi todo si son fritas

  2. David dijo:

    JAJAJAJA
    cuanta patata 🙂

  3. Eva dijo:

    Si, las patatas vuelven loco 😀
    la verdad que las patatas fueron un buen descubrimiento

  4. David y Alberto dijo:

    patatas fritas, patatas con tomate, patatas doritos, fantasmikos, patas asadas,
    patatas con ajos

  5. David dijo:

    jajajajajajajaja 🙂

  6. alba dijo:

    patatas fritas, patatas asadas, patatas con tomete, sabor a jamón, patatas saladas, patatas con beicon y muchas mas
    que ricas que están 🙂

  7. olga dijo:

    JAJAJAJAJAJA
    bueno parezco una bruja
    cuanta patata

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